Historia de la Proclamación de la Independencia del Perú y qué ocurrió el 28 de julio de 1821

Historia de la Proclamación de la Independencia del Perú y qué ocurrió el 28 de julio de 1821

La Proclamación de la Independencia del Perú ocurrió el sábado 28 de julio de 1821 en la Plaza de Armas de Lima, marcando el inicio formal de la ruptura política con la corona española. El general argentino Don José de San Martín, al mando de la Expedición Libertadora, pronunció las célebres palabras que declararon al país libre e independiente por la voluntad general de los pueblos y por la justicia de su causa que Dios defiende. Este acto simbólico fue el resultado de años de corrientes libertadoras y rebeliones internas, estableciendo las bases del Estado peruano moderno y dando origen a la celebración anual de las Fiestas Patrias que une a todos los peruanos.

Contexto histórico y la llegada de la Expedición Libertadora

A inicios del siglo XIX, el Virreinato del Perú era el centro del poder español en Sudamérica. Mientras otras regiones ya habían iniciado sus procesos de emancipación, Lima se mantenía como un bastión realista debido a su fuerte aristocracia y la presencia masiva de tropas españolas. Sin embargo, el descontento social y las ideas ilustradas ya habían germinado en las mentes de precursores y próceres locales. La llegada de Don José de San Martín a las costas de Paracas en septiembre de 1820 cambió drásticamente el panorama, iniciando una campaña militar y diplomática para cercar la capital y forzar la salida de las autoridades coloniales.

San Martín no buscaba una conquista violenta de Lima, sino una transición que contara con el apoyo de la élite local para asegurar la estabilidad del nuevo Estado. Durante meses, las tropas libertadoras avanzaron por la sierra y la costa, mientras que los bloqueos marítimos liderados por Lord Cochrane asfixiaban el comercio virreinal. Esta presión constante obligó al virrey José de la Serna a abandonar Lima en julio de 1821, retirándose hacia el Cusco. La ciudad quedó en un estado de incertidumbre y temor ante posibles saqueos, lo que llevó a los notables de la ciudad a invitar formalmente a San Martín para que ingresara y garantizara el orden público.

El ingreso de San Martín a Lima fue discreto y estratégico. Antes de la ceremonia pública, se aseguró de que la voluntad de los ciudadanos estuviera alineada con la causa patriota. Es en este periodo donde se consolida el uso de los primeros símbolos nacionales, como la historia de la bandera del Perú que el propio general había diseñado en Pisco, inspirada en el vuelo de las parihuanas. La presencia del ejército libertador no solo representaba un cambio de mando militar, sino el nacimiento de una nueva identidad política que buscaba distanciarse de tres siglos de dominio hispánico.

La firma del Acta de Independencia el 15 de julio

Aunque la celebración principal es el 28 de julio, el proceso legal comenzó semanas antes. El 15 de julio de 1821, se realizó un Cabildo Abierto en el Ayuntamiento de Lima donde se redactó y firmó el Acta de Independencia del Perú. Este documento fue elaborado por el abogado Manuel Pérez de Tudela y en él se plasmó el compromiso de los ciudadanos más influyentes de la capital con la causa de la libertad. La firma de este documento fue un paso jurídico fundamental para legitimar la proclamación ante la comunidad internacional y ante el propio pueblo peruano.

El acta fue firmada inicialmente por más de 300 personas, incluyendo miembros del clero, la nobleza y la intelectualidad limeña. Con el paso de los días, el número de firmas aumentó a más de 3,500, reflejando un apoyo masivo, aunque en muchos casos motivado por la necesidad de seguridad bajo el nuevo régimen. Este documento es considerado la partida de nacimiento de la República del Perú. En sus líneas se lee claramente que la voluntad general era la independencia absoluta de la monarquía española y de cualquier otra dominación extranjera, un sentimiento que se había fortalecido tras las victorias patriotas en otras partes del continente.

Es importante destacar que la firma del acta no fue un evento aislado. Representó la culminación de una serie de negociaciones entre San Martín y los representantes del virrey, como las conferencias de Miraflores y Punchauca. Al fracasar la vía del entendimiento para una monarquía constitucional bajo un príncipe español, la ruptura total se volvió inevitable. El Acta de Independencia proporcionó el marco legal necesario para que el 28 de julio no fuera solo un desfile militar, sino un acto de soberanía popular respaldado por la ley.

Crónica de la mañana del 28 de julio de 1821

El sábado 28 de julio de 1821 amaneció con un cielo gris típico del invierno limeño, pero con una atmósfera de júbilo y expectativa sin precedentes. Desde tempranas horas, las campanas de las iglesias repicaban y la población se volcaba a las calles vestida con sus mejores galas. Se había construido un tabladillo o estrado elevado en el centro de la Plaza de Armas, frente al Palacio de los Virreyes y la Catedral, decorado con tapices y emblemas que simbolizaban la nueva era que estaba por comenzar.

Cerca de las 10 de la mañana, Don José de San Martín salió del Palacio escoltado por un imponente séquito que incluía a las autoridades de la Universidad de San Marcos, altos prelados de la Iglesia, miembros del Cabildo y oficiales del Ejército Libertador. El general vestía su uniforme de gala y portaba un estandarte que representaba la libertad del Perú. Al subir al estrado, el silencio se apoderó de la multitud que llenaba cada rincón de la plaza, desde los portales hasta los balcones de las casonas aledañas.

Don José de San Martín proclamando la independencia del Perú en la Plaza de Armas de Lima rodeado de la multitud

Con voz firme y solemne, San Martín tomó la bandera y pronunció la proclama que quedaría grabada en la historia nacional: EL PERÚ DESDE ESTE MOMENTO ES LIBRE E INDEPENDIENTE POR LA VOLUNTAD GENERAL DE LOS PUEBLOS Y POR LA JUSTICIA DE SU CAUSA QUE DIOS DEFIENDE. Acto seguido, batió el estandarte mientras la multitud estallaba en gritos de ¡VIVA LA PATRIA!, ¡VIVA LA LIBERTAD! y ¡VIVA LA INDEPENDENCIA!. El estruendo de los cañones y el repique de campanas sellaron el momento, mientras se lanzaban monedas conmemorativas a los asistentes.

El recorrido por las cuatro plazas de Lima

La ceremonia no se limitó a la Plaza de Armas. Siguiendo una antigua tradición colonial para las proclamaciones reales, pero esta vez para anunciar la libertad, San Martín y su comitiva recorrieron otros tres puntos estratégicos de la ciudad. Esta repetición del acto buscaba asegurar que el mensaje llegara a todos los sectores de la capital y que el compromiso con la independencia fuera ratificado en los espacios públicos más importantes de la Lima de aquel entonces.

OrdenLugar de la ProclamaciónSignificado del Sitio
PrimeroPlaza de Armas de LimaCentro del poder político y religioso del Virreinato.
SegundoPlazuela de La MercedLugar emblemático frente a la iglesia donde se dio el primer grito de libertad.
TerceroPlaza de la InquisiciónSede del antiguo tribunal, hoy conocida como Plaza Bolívar.
CuartoPlaza de Santa AnaUbicada en los Barrios Altos, hoy conocida como Plaza Italia.

En cada una de estas plazas, se repitió el discurso y el batir de la bandera. En la Plazuela de La Merced, el fervor fue especialmente alto debido a la cercanía de los comercios y la gran afluencia de gente de a pie. En la Plaza de la Inquisición, el acto tuvo una carga simbólica muy fuerte, pues representaba el fin de una institución que había sido símbolo de opresión ideológica durante siglos. Finalmente, en la Plaza de Santa Ana, el general se dirigió a los vecinos de los barrios más populares, consolidando el apoyo de las clases trabajadoras a la causa emancipadora.

Personajes clave y sectores sociales en la gesta

Si bien la figura de San Martín es la más visible, la Proclamación de la Independencia fue posible gracias a una red compleja de colaboradores. Entre ellos destaca Manuel Pérez de Tudela, el jurista que dio forma legal a los ideales libertarios. También fue fundamental el papel de los montoneros, guerrillas rurales compuestas por campesinos e indígenas que hostigaron a las tropas realistas en la sierra central, cortando sus suministros y facilitando el avance del Ejército Libertador hacia Lima. Sin su participación, el control de la capital hubiera sido mucho más difícil y costoso.

Las mujeres peruanas también desempeñaron un rol crucial, aunque a menudo invisibilizado en los relatos tradicionales. Desde las salonières que organizaban reuniones clandestinas para difundir ideas ilustradas, hasta las rabonas que acompañaban a las tropas y las espías que filtraban información valiosa a los patriotas. Figuras como Rosa Merino, quien tuvo el honor de cantar por primera vez el Himno Nacional, o las heroínas que sacrificaron sus bienes y familias, son parte esencial de este proceso. La independencia no fue solo una victoria militar masculina, sino un movimiento social que involucró a diversos estratos de la población.

Por otro lado, la aristocracia limeña vivió el proceso con sentimientos encontrados. Muchos temían que la salida de los españoles provocara un caos social o la pérdida de sus privilegios. Sin embargo, la habilidad diplomática de San Martín logró convencer a una parte importante de este sector de que la independencia era el único camino para evitar una revolución violenta. Esta alianza táctica permitió que la transición en Lima fuera relativamente pacífica, a diferencia de lo ocurrido en otras capitales sudamericanas donde los enfrentamientos internos fueron devastadores.

El camino hacia la consolidación final en 1824

Es un error común pensar que la guerra terminó el 28 de julio de 1821. En realidad, la proclamación fue un acto político que no garantizaba el control total del territorio. El ejército realista seguía siendo poderoso y controlaba gran parte de la sierra sur y central, incluyendo el Cusco. San Martín asumió el cargo de Protector del Perú para organizar el nuevo Estado, pero pronto se dio cuenta de que sus fuerzas eran insuficientes para expulsar definitivamente a los españoles. Esto llevó a la histórica Entrevista de Guayaquil con Simón Bolívar, tras la cual San Martín decidió retirarse del país.

La verdadera libertad militar se alcanzaría años después con la llegada de la Corriente Libertadora del Norte. Bajo el mando de Bolívar y Antonio José de Sucre, las fuerzas patriotas lograron victorias decisivas en las batallas de Junín y Ayacucho en 1824. Fue en la Pampa de la Quinua donde se firmó la Capitulación de Ayacucho, documento que puso fin oficial al dominio español en el Perú y en América del Sur. Por lo tanto, el 28 de julio representa el nacimiento de la voluntad soberana, mientras que Ayacucho representa la ejecución final de esa voluntad en el campo de batalla.

Durante este periodo intermedio, el Perú vivió momentos de gran inestabilidad, con cambios de gobierno y contraofensivas realistas que incluso recuperaron Lima temporalmente. Sin embargo, el espíritu de la proclamación de 1821 se mantuvo vigente como el norte político de la nación. La resistencia de los pueblos del interior y la llegada de refuerzos de la Gran Colombia fueron determinantes para que el proyecto iniciado por San Martín no fracasara. Hoy, recordamos este proceso como una gesta continental donde la libertad del Perú era la pieza final para asegurar la independencia de toda la región.

Legado y celebraciones actuales de las Fiestas Patrias

Hoy en día, el 28 de julio es la fecha más importante del calendario cívico peruano. Las celebraciones comienzan con el Mensaje a la Nación del Presidente de la República ante el Congreso, donde se rinde cuentas sobre el estado del país y se plantean los objetivos para el futuro. En las calles, el sentimiento de identidad se manifiesta a través del embanderamiento general de las viviendas y el uso de la escarapela en el pecho, una tradición que refuerza el sentido de pertenencia desde la etapa escolar.

Una de las actividades más esperadas es la historia y tradición de la Gran Parada y Desfile Cívico Militar, que suele realizarse el 29 de julio. En este evento, las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional muestran su preparación y rinden homenaje a la patria, acompañados por delegaciones civiles y grupos folclóricos que representan la diversidad cultural de las regiones. Es un momento de unión donde las familias se reúnen para celebrar los valores de libertad y soberanía que se proclamaron hace más de dos siglos.

Más allá de los actos oficiales, las Fiestas Patrias son una oportunidad para revalorar nuestra gastronomía, música y danzas. En todo el país se organizan ferias, festivales y viajes de turismo interno que dinamizan la economía y fortalecen el orgullo nacional. Recordar qué ocurrió el 28 de julio de 1821 no es solo un ejercicio de memoria histórica, sino un compromiso renovado con la construcción de un país más justo, unido y próspero para las futuras generaciones de peruanos.